Johan Santana.

NUEVA YORK - El béisbol no es un juego que se preste mucho a declaraciones categóricas. Pero desde el 1ro de junio del 2002 hasta el 15 de mayo del 2009, es posible que Johan Santana haya sido el mejor lanzador del universo.

Ponderen esto: En ese lapso de siete años, un mes y tres semanas, el venezolano estuvo primero entre los abridores de Grandes Ligas con efectividad de 2.78. Ponchó a 1,549 bateadores, mientras que ningún otro pitcher abanicó a más de 1,366. También estuvo tercero en victorias con 110, a cinco del líder Roy Halladay.

Aunque la mayoría de esos éxitos ocurrieron en Minneosta, algo de eso se vio en Queens durante las primeras dos temporadas de Santana con los Mets. Esencialmente el zurdo le brindó a Nueva York lo último de su apogeo como lanzador, antes de que múltiples cirugías prácticamente le pusieran un alto a su carrera.

Ahora con 34 años, Santana ya se sometió a más reciente de dichas operaciones en el hombro izquierdo, algo que casi seguro le pondrá fin a su estadía con los Mets. Aun si se recupera lo suficiente para volver a lanzar con Grandes Ligas, no será con los Mets y lo más probable es que no se vea como el Santana de antes.

"Eso les dio duro a todos aquí", dijo el tercera base del equipo de Queens, David Wright.

La mayoría de la gente ligada a la organización de los Mets señala el penúltimo juego del 2008 como el mejor momento de Santana en Queens-aun mejor que su sin hit ni carrera en junio del 2012. Aunque empezó a disminuirse la velocidad del zurdo en el 2008-su primera campaña en Nueva York-el venezolano aún se veía como el lanzador dominante que había sido en los Mellizos. De hecho, en noviembre de ese año terminó tercero en las votaciones para el Premio Cy Young de la Liga Nacional.

Lo que marcó tanto su última salida del 2008 fue tanto su excelencia como las circunstancias. En medio de la lucha por la clasificación, Santana blanqueó a los Marlins, ponchando a nueve bateadores y permitiendo apenas tres hits.

Unos días después, los Mets revelaron que Santana lo hizo todo con un desgarre en un ligamento de la rodilla derecha, en la que se apoya para lanzar.

"Dijo que iba a terminar la temporada, pasara lo que pasara", dijo en aquel entonces uno de los representantes del pitcher, Chris Leible. "Él dijo que la única forma de que fuera al hospital era ponerlo en una ambulancia."

Cuando volvió Santana en la primavera del 2009, viniendo de una cirugía en dicha rodilla, el sentido común indicaba que su carrera ya iba en declive. La velocidad en su recta, que había empezado a disminuirse en el 2008, bajó aun más al año siguiente. Pero el zurdo ganó cuatro de sus primeras siete aperturas, ponchando a más de un bateador por entrada y con efectividad de 0.78.

A mediados de mayo, se paró frente a su casillero en el Dodger Stadium y ponderó lo que necesitaría para algún día llegar al Salón de la Fama. A sus 30 años, Santana tenía sólo 109 victorias en su haber, pero estaba lanzando tan bien que parecía posible cualquier cosa.

"Tal vez tenga la oportunidad de hacer algo especial", dijo Santana en aquel momento."

Ahora se puede ver ese verano como el inicio de un declive rápido para el zurdo, cuya salud como pitcher deterioró en grande.

Al final del 2009 se operó del codo de lanzar. A menos de un año de eso, una cirugía del hombro fue un golpe muy fuerte para su carrera.

Luego de perderse todo el 2011, reapareció brevemente con éxito el año pasado, con efectividad de 2.38 en sus primeras 11 aperturas y con un ponche por cada inning. Culminó ese inicio con el primer no-hitter en la historia de la franquicia de los Mets.

Pero Santana terminó el año en la lista de lesionados, tuvo fatiga en el hombro de lanzar en esta primavera y ahora fue operado por segunda vez en dicho hombro.

Desde 16 de mayo del 2009 hasta su última apertura del 2012, Santana tuvo marca de 26-25 con efectividad de 3.77, para colocarse en el 147mo lugar entre los pitchers de Grandes Ligas.

Desde un punto de vista de puros números, su contrato de seis años y US$137 millones puede lucir como algo que no valió la pena para los Mets. Pero desde otro, quizás sí. Después de todo, Santana ganó dos de los juegos más significativos en la historia de la franquicia y se estableció como uno de los lanzadores más talentosos en los anales del equipo, junto a Tom Seaver, Dwight Gooden y muchos otros.

Al final, fue demasiado breve su brillo en Queens.