Mike Matheny y David Freese. (Paul Beaty/AP)

SAN LUIS - Ellos juegan para un manager que predica la importancia del momento, y quizás nunca antes haya habido un momento tan apropiado para que los Cardenales se resistan a mirar atrás.

La historia, por supuesto, está de su lado, ya que 27 de los 34 equipos que han tenido una ventaja de 3-1 en una Serie de Campeonato al mejor de siete juegos han avanzado al Clásico de Otoño. Sin embargo, la historia de la franquicia no ha sido tan generosa con los Cardenales.

Los Cardenales ya cargan con la oscura distinción de ser la única escuadra de Grandes Ligas en desperdiciar dos ventajas de 3-1 en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional. Sucedió en 1996, cuando San Luis fue eliminado por los Bravos después de llevarse tres de los primeros cuatro partidos. Diecisiete de los 25 peloteros en el roster actual de los Cardenales sufrieron la misma experiencia el año pasado, cuando los Gigantes se levantaron de la lona para negarle a los Cardenales su segunda Serie Mundial en años consecutivos.

Para evitar un tercer derrumbe de esa índole, los Cardenales necesitarán ganar detrás de Michael Wacha este viernes o con su as, Adam Wainwright, el sábado.

"Tenemos bien claro nuestro sentido de urgencia", dijo el manager Mike Matheny. "No es que el año pasado hubiéramos carecido de éste, tanto como, 'Simplemente no olvidemos' y estar bien conscientes de lo rápido que todo puede cambiar, básicamente no dar nada por hecho. En estos momentos, sólo jugar como lo hemos venido haciendo. No hay que pensar más allá del siguiente partido, pero tampoco debemos vivir en el pasado. Pero hay que recordar lo que sucedió y aprender de ello".

Quizás la distinción más crucial entre esas dos series perdidas y ésta que los Cardenales aventajan 3-2 ahora mismo, es el punto culminante. En 1996, los Cardenales tuvieron que viajar a Atlanta, donde los abridores Greg Maddux y Tom Glavine los esperaban tras la victoria de los Bravos en el Juego 5. En un caso similar, los Gigantes contaban con la ventaja de local - y sus mejores pitchers, Matt Cain y Ryan Vogelsong, listos - tras salirse con la suya en el Juego 5 detrás del zurdo Barry Zito.

Este año, el consuelo de los Cardenales después de caer el miércoles es que abordaron un vuelo de regreso a San Luis. Después de finalizar la campaña regular con marca de 54-27 en el Busch Stadium durante la temporada regular, los Cardenales han ganado cuatro de sus cinco compromisos esta postemporada en el nido.

"No vamos a San Francisco, vamos a casa, esa es una gran diferencia", destacó David Freese. "Pero de todas formas, los Dodgers piensan que pueden vencernos en nuestro parque, y van a salir con todo en el Juego 6. Nosotros debemos hacer lo mismo, porque creo que ambas escuadras tratarán de irse arriba desde el inicio".

Tanto en la debacle de 1996 como en la del 2012, el desplome de los Cardenales se acentuó por una pobre actuación de su pitcheo abridor. Los Bravos superaron a los Cardenales en carreras anotadas por 32-1, mientras que se llevaron tres triunfos al hilo. En dos de esos encuentros, su lanzador abridor no pudo pasar más allá de la segunda entrada.

Los Gigantes tuvieron un éxito similar, anotando 20 carreas mientras y permitiendo solamente una para ganarse el pase a la Serie Mundial. Los abridores de los Cardenales sólo lucieron un poco mejor que en 1996, pudiendo completar un total de 9 2/3 innings. En el Juego 6, San Luis mando a la loma a un serpentinero (Chris Carpenter ) quien nunca estuvo al 100%. Su abridor del Juego 7 (Kyle Lohse ) se había topado con una pared después de acarrear una pesada carga de trabajo en la temporada regular y en la postemporada.

Los Dodgers juegan bajo la presión de su millonaria nómina. San Luis, el equipo que más juegos ganó durante la campaña regular, tiene la presión de no sufrir el mismo destino de octubre pasado.